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Factores de riesgo de demencia según la OMS: 14 aspectos que puedes cuidar

La demencia es una condición compleja, pero la buena noticia es que muchos de sus factores de riesgo son modificables. La Organización Mundial de la Salud (OMS), en base a una amplia investigación científica, han identificado 14 factores que, si se gestionan adecuadamente, pueden reducir el riesgo de desarrollar demencia. A continuación, te presento estos factores y cómo puedes actuar sobre ellos.

1. Inactividad física

La falta de ejercicio aumenta el riesgo de demencia. Incorporar actividad física regular, como caminar, nadar o bailar, mejora la salud cerebral y cardiovascular.

2. Tabaquismo

Fumar daña los vasos sanguíneos y reduce el flujo de oxígeno al cerebro. Dejar de fumar mejora la circulación y reduce el riesgo de demencia.

3. Consumo excesivo de alcohol

El consumo excesivo de alcohol puede dañar las células cerebrales. Limitar su consumo protege la salud cerebral.

4. Contaminación del aire

La exposición prolongada a la contaminación del aire puede afectar la función cognitiva. Reducir la exposición y optar por espacios más limpios beneficia la salud cerebral.

5. Lesiones en la cabeza

Las lesiones traumáticas en la cabeza aumentan el riesgo de demencia. Usar protección adecuada y evitar situaciones de riesgo es esencial.

6. Contacto social infrecuente

La falta de interacción social puede acelerar el deterioro cognitivo. Mantener relaciones sociales activas estimula el cerebro.

7. Bajo nivel educativo

Un nivel educativo bajo se asocia con un mayor riesgo de demencia. La educación continua y el aprendizaje a lo largo de la vida fortalecen las conexiones cerebrales.

8. Obesidad

La obesidad, especialmente en la mediana edad, aumenta el riesgo de demencia. Mantener un peso saludable protege la salud cerebral.

9. Hipertensión

La presión arterial alta puede dañar los vasos sanguíneos del cerebro. Controlar la hipertensión reduce el riesgo de demencia.

10. Diabetes

La diabetes mal controlada aumenta el riesgo de demencia. Mantener niveles adecuados de glucosa en sangre protege el cerebro.

11. Depresión

La depresión no tratada puede acelerar el deterioro cognitivo. Buscar tratamiento para la depresión es crucial para la salud cerebral.

12. Pérdida auditiva

La pérdida de audición no tratada se asocia con un mayor riesgo de demencia. Usar audífonos y tratar la pérdida auditiva estimula el cerebro.

13. Pérdida de visión no tratada

La pérdida de visión puede limitar la estimulación cognitiva. Corregir problemas de visión mejora la calidad de vida y protege el cerebro.

14. Colesterol LDL elevado

El colesterol malo elevado puede dañar los vasos sanguíneos del cerebro. Mantener niveles saludables de colesterol protege la salud cerebral. Para visualizar estos factores de manera clara, puedes consultar la infografía oficial de Alzheimer’s Disease International en su página web: 14 Dementia Risk Factors Infographic con la referencia del principal estudio científico en el que se basa.

Conclusión

Aunque algunos factores, como la edad o la genética, no se pueden modificar, muchos de estos 14 factores sí son modificables. Adoptar hábitos saludables, como mantener una vida activa, una dieta equilibrada, evitar el tabaco y el alcohol en exceso, y mantener una vida social activa, puede reducir significativamente el riesgo de demencia. Recuerda que nunca es tarde para comenzar a cuidar tu salud cerebral. Si tienes dudas o necesitas orientación personalizada, no dudes en consultarme.

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7 claves sencillas para cuidar tu bienestar emocional cada día

El bienestar emocional no siempre depende de grandes cambios. A menudo, son los pequeños gestos cotidianos los que nos ayudan a sentirnos mejor, ganar calma y mantener el equilibrio interior. Aquí te comparto algunas ideas que puedes empezar a practicar desde hoy y que iré ampliando con más detalle en próximas entradas.


1. Respira conscientemente
Dedica un par de minutos al día a hacer respiraciones profundas y lentas. Notarás cómo tu cuerpo se relaja y tu mente se calma. ¿Por qué hacer esto? La respiración es un lenguaje que tenemos para hablar con nuestro cerebro. Una respiración profunda y consciente transmite al cerebro que puede calmarse y que la situación está bajo control.


2. Muévete un poco
Caminar, estirarte o bailar tu canción favorita. El movimiento libera tensiones y mejora tu estado de ánimo. La actividad física modifica la química de nuestro cuerpo y genera sustancias que aumentan nuestro bienestar.


3. Cuida tu diálogo interno
Escucha cómo te hablas. Cambia la crítica dura por palabras amables, como lo harías con alguien a quien quieres. La relación entre nuestro diálogo interno y las emociones es muy estrecha y la capacidad de influir en ellas en función de cómo nos hablamos es muy poderosa.


4. Conecta con alguien
Una llamada, un café, una conversación breve… Compartir con otra persona nos ayuda a sentirnos acompañados y comprendidos. La conexión con personas significativas de nuestro entorno reduce el sentimiento de soledad, nos da perspectiva para tomar distancia de nuestros problemas y disminuye el riesgo de depresión.


5. Descansa de pantallas
Regálate momentos sin móvil ni televisión. Tu mente agradecerá ese respiro y ganarás claridad. Prueba con actividades que te inviten a desarrollar otras capacidades o a disfrutar de formas diferentes, y así reducir los efectos negativos del uso excesivo de pantallas.


6. Agradece lo pequeño
Antes de dormir, piensa en tres cosas sencillas que te hayan hecho bien en el día. Este hábito entrena tu mente para enfocarse en lo positivo. La psicología positiva ha demostrado que ejercicios como este ayudan a reducir la ansiedad y mejorar el estado de ánimo.


7. Haz algo que disfrutes
Leer, escuchar música, cocinar, pasear, pintar… Dedicar tiempo a lo que te gusta alimenta tu bienestar y te da energía. Realizar actividades placenteras hace que generemos endorfinas de forma natural, que actúan como analgésicos y generan sensaciones de calma y satisfacción.


No se trata de hacer todo de golpe, sino de elegir una o dos de estas prácticas y convertirlas en hábito. Tu salud emocional se fortalece paso a paso, con pequeños gestos que suman.