En esta ocasión quiero hablarte de un proceso fascinante que ocurre en nuestro cuerpo desde que nacemos hasta que morimos. Quizá hayas oído hablar de él. Es el proceso por el que la capacidad del cerebro parece no tener límites y es capaz de crecer, fortalecerse e incluso regenerarse a lo largo de toda su vida.
Este proceso se llama neuroplasticidad, la cualidad del cerebro de adaptarse y de generar nuevas conexiones entre las células de nuestro sistema nervioso, llamadas neuronas.
¿Y cómo lo hace? A través de nuestras experiencias y aprendizajes. Cada vez que conocemos a alguien por primera vez, vivimos nuevas situaciones o repetimos un pensamiento, emoción o acto, reforzamos esas conexiones neuronales.
Estas conexiones son la base de todos nuestros aprendizajes y experiencias vitales. Y aquí aparece otro concepto importante: la reserva cognitiva. Es el conjunto de neuronas y conexiones que hemos ido creando a lo largo de nuestra vida con lo que hemos aprendido, experimentado y reentrenado.
Por ejemplo, una persona que ha trabajado como taxista y, además, practica esquí o baile, habrá desarrollado una gran reserva en áreas como la memoria espacial, la orientación y el equilibrio. Esa reserva, acumulada con los años, le ayudará a mantener esas capacidades mejor protegidas al envejecer.
Por eso, dos personas con el mismo daño cerebral, pero con diferente nivel de reserva cognitiva, pueden mostrar efectos muy distintos: la que tiene mayor reserva suele estar más protegida, retardando la aparición de los signos o reduciendo su impacto.
Para contar con un envejecimiento saludable es importante aprovechar esta cualidad del cerebro y fomentar una gran reserva cognitiva en atención, memoria, orientación, equilibrio, fuerza, flexibilidad y relaciones sociales. Cuanta más reserva tengamos, más protegidas y protegidos estaremos para el futuro.
El momento de empezar es ahora. Nunca es tarde ni demasiado pronto: es un proceso continuo. En próximas entradas te contaré cómo desarrollar más reserva cognitiva, pero te adelanto algunas claves: aprender cosas nuevas, mantenernos activos físicamente, cuidar una vida social rica y estimular nuestra mente de forma regular.
La neuroplasticidad y la reserva cognitiva son la base de muchos de mis programas y del trabajo que realizo con las personas que acompaño. Porque nunca es tarde para cuidar nuestro cerebro y seguir creciendo.